Hopsteiner España

Junio 2017

Diario de León



El aumento de la plantación de chopos en parcelas agrícolas choca con el interés de los lupuleros por ampliar el espacio destinado a este cultivo industrial, especialmente en la vega del Órbigo. Con destino a la industria maderera, el árbol no sólo daña al lúpulo, «también al maíz, la remolacha y otros cultivos», asegura el presidente de la Sociedad Agraria de Transformación (SAT) Lúpulos de León, Isidoro Alonso, pero es el auge que ha cogido este cultivo y «la práctica imposibilidad de recuperar estas parcelas para la agricultura», lo que ha motivado que sean los lupuleros los que alcen la voz. Sobre todo, porque la merma de producción que causan las arboledas llega al 70%.

La SAT lleva tiempo solicitando medidas para que las choperas no afecten al cultivo: una distancia de 15 a 20 metros —frente a los cuatro o cinco que existen en la actualidad— y la retirada de las ayudas a su plantación. Solicitudes que, al menos de momento, no ha atendido la Junta de Castilla y León pese al impulso que la multinacional Hopsteiner ha planeado para el cultivo en España. Y es que el chopo perjudica al lúpulo bajo tierra, por sus largas raíces, y por aire, con la sombra que proyecta, de tal forma que las filas de lúpulo situadas a menos de 30 metros de las alamedas «pierden un 70% de su producción», aseguró el presidente de Lúpulos de León.

El cultivo también se ve afectado por las plagas propias de este árbol, «como el pulgón, y otros patógenos, y por los fitosanitarios», que le afectan negativamente al estar autorizados para el árbol, pero no para la flor que aporta el sabor a la cerveza: «se aplican con atomizadores de unos 20 metros de altura, que forman un abanico terrible».

EL INTERÉS PÚBLICO

A la Administración autonómica el problema le afecta de lleno, ya que, en ocasiones, es la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente (Somacyl), dependiente de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente, la que impulsa las plantaciones junto a los propietarios. Otras veces son las empresas privadas las que buscan terratenientes con este propósito.

«Al plantar los chopos la capa vegetal que existe en superficie pasa a estar a metro y medio o dos metros de profundidad, para favorecer el crecimiento de las raíces, mientras que todo el material que estaba a esa profundidad —especialmente pedregoso— queda en la superficie. De esta manera, resulta casi imposible recuperar estas fincas para la agricultura. Serían necesarios camiones y camiones de cubierta vegetal, que habría que quitar de otra parte».

SIN NORMAS MUNICIPALES

Si la Administración autonómica no ha recogido aún las peticiones de los cultivadores, tampoco los han hecho los ayuntamientos lupuleros. «No elaboran una normativa porque aún pesan mucho los votos de quienes han puesto chopos».

Isidoro Alonso estima que en el Órbigo existen 1.500 hectáreas de chopo entre el río Omaña y La Bañeza. El aumento de la superficie en el último año puede situarse en un 10%, calculó. Los lupuleros abogan por plantaciones de chopos que no repercutan negativamente en su actividad, añadió.